ejecutivos interactuandoEn mi práctica profesional, y también en mi vida privada, escucho con mucha frecuencia comentarios sobre la incapacidad o los errores al comunicarnos. Resulta paradójico, pues se trata de la competencia en la que más experiencia acumulamos, ya que, desde que nacemos, a través del llanto, establecemos un canal de comunicación que después vamos depurando a través del lenguaje.

Mi propuesta para las siguientes líneas es la de zambullirnos en el proceso de comunicación, adentrándonos en un viaje que nos permita analizar nuestro lenguaje interior y observar,  al mismo tiempo, el lenguaje con el que tendemos puentes en nuestras relaciones con los demás. Propongo un objetivo seductor: palabras que digan. Palabras que digan más allá del hablar por hablar, del hablar sin decir nada.

Reconozco y asumo que, junto con la gestión de los conflictos, este es uno de mis temas favoritos. Me apasiona como, gracias a la comunicación, establecemos vínculos con los otros (también con nosotros mismos). Disfruto proponiendo y compartiendo -en talleres formativos-  fórmulas, herramientas y técnicas que potencien la claridad y la concreción, ofreciendo esas “recetas” que nos piden para poder depurar y digerir los malentendidos. Y en los procesos de coaching, invitando a los coachees a que se permitan ponerlas en práctica,  como nuevas actuaciones, chequeando sus resultados y calibrando el impacto en las interacciones sociales.

Con el enfoque sistémico, la comunicación se erige en uno de los vehículos esenciales para cimentar relaciones armónicas, fortaleciéndolas. Es la comunicación, en sus tres subdominios (lenguaje, cuerpo y emoción), la urdimbre sólida que sostiene la trama de nuestras interacciones.

Primeras palabras, primeras puntadas

Para mí es esencial iniciar este trabajo laborioso y minucioso como las tejedoras, preparándonos y poniendo a nuestro alcance todos los útiles precisos. El primer ejercicio es desde, con y para nosotros: atreviéndonos a preguntarnos: ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿qué hago cada día para contribuir a lograr lo que quiero?, ¿qué y cómo pido y ofrezco? Ejercitándonos en un diálogo interior productivo y positivo, motivador y revulsivo, que posibilite conectarnos con nuestro yo interior. Pues, ¿cómo vamos a ser influyentes en la comunicación con otros si no lo somos con nosotros mismos? Cuidándonos, provocándonos, cuestionándonos, celebrándonos,…

Al tomar conciencia de nuestro lenguaje interno, analizamos cómo nuestras emociones determinan qué decimos (palabras) y cómo lo decimos (cuerpo) y teniendo –siempre- presente que este camino también actúa a la inversa (te propongo un ejercicio: mira hacia abajo, pon una cara triste recordando algún acontecimiento que te haya disgustado y di: “estoy feliz”… ¿es posible?).

Empezamos a cambiar el observador que somos, transformándonos de observador en observado. Este proceso de observación es un camino de aprendizaje y mejora.

Aceptamos que reiteramos discursos para aferrarnos a nuestras creencias (a pesar de que nos limiten), que “borramos” informaciones arbitraria y subjetivamente (esto es, los metamodelos de PNL: generalización, omisión y distorsión, entran en funcionamiento) y que, en muchas más ocasiones de las que nos gusta reconocer, no nos atrevemos a decirnos (taponamos emociones al considerarlas socialmente no válidas ni bien vistas, amparándonos en un lenguaje neutro, gris, contenido, clónico). Somos como los actores y las actrices del teatro kabuki japonés: nos escondemos con maquillajes muy elaborados, cual máscaras que ocultan y bloquean lo que realmente sentimos y pensamos. Así escondidos, ¿cómo vamos a entablar conversaciones abiertas y auténticas con los otros?

Me ayuda a entender y aceptar el esfuerzo de este trabajo pensar en los cuarenta días en el desierto de Jesús (comparables con los retiros de Mahoma y Buda o con la “desaparición” de los superhéroes antes de retomar su misión, ya plenamente empoderados y comprometidos): cuánto de bueno y facilitador tienen los tiempos que nos dedicamos, en los que nos paramos a reflexionar sobre nuestras vidas y anhelos y en cómo vamos a materializar nuestro sueños y proyectos en acciones. Esta toma de conciencia, este ser conscientes, contribuye a sentirnos más auténticos, más coherentes, empleando fórmulas más completas e integradoras con el sistema que conforma nuestro lenguaje, nuestro cuerpo y nuestra emoción: así lo que decimos nos resuena, nuestras palabras provocan reverberaciones en nuestro ser, generan sensaciones sugerentes y gratificantes, que impregnan nuestro cuerpo (mi hijo pequeño, Jaime, tiene una frase preciosa: “Mi cuerpo me dice...”). Todos los elementos están conectados con fuertes lazos y así huimos y abandonamos las expresiones anodinas por otras más impactantes y envolventes (declaraciones, distinciones, juicios…) que nos atraen y favorecen que los otros nos atiendan. De esta forma, desde la armonía del sistema persona, apostamos por fortalecer otros sistemas, contactamos con nosotros para conectarnos con los otros.

Comunicación potenciadora, facilitadora, provocadora y expansiva

Este es el momento para abrirnos a los demás, aceptando el desafío de contribuir a que los sistemas de los que formamos parte (nosotros, nuestra familia, nuestro equipo de trabajo, nuestra empresa, nuestros amigos, nuestro país, etc.) se van a ver enriquecidos con nuestra aportación, con nuestro dar y ofrecer. La comunicación (lenguaje, cuerpo y emoción) es congruente, coherente, nos hace sentirnos seguros y tranquilos; y con esa confianza, la comunicación interpersonal es potenciadora, facilitadora, provocadora, expansiva.

¿Cómo logramos mantener nítido el foco de la comunicación interpersonal?:

  • • Comunicando a los otros cómo nuestros intereses sirven de catalizadores a sus expectativas.
  • • Estableciendo alianzas para  cumplir las metas comunes, compartidas y generadoras de interdependencia, mediante conversaciones productivas y dinamizadoras.
  • • Gestionando nuestros juicios eficazmente (yendo a la jugada, no al jugador).
  • • Cuestionando nuestras creencias, lo que posibilita ampliar nuestra realidad y aproximarnos a la realidad de las demás personas.
  • • Formulando ofertas y peticiones que incluyan condiciones de satisfacción y tiempos que eviten tensiones y malentendidos, con respeto y aceptación de la respuesta del otro, sea cual sea.
  • • Celebrando los éxitos con reconocimientos y elogios públicos.
  • • Responsabilizándonos en la búsqueda de soluciones compartidas, evitando llevar a la pira al culpable y reforzando la responsabilidad de cada elemento del sistema, desde posiciones maduras y adultas (en lenguaje sistémico, desde la fortaleza y la dignidad).
  • • Eligiendo las palabras idóneas en el momento y lugar oportunos, con un estilo de comunicación resonante, potenciador y coherente en el lenguaje, el cuerpo y la emoción.
  • • Entrenándonos en dar-recibir y pedir-ofrecer, creando ritos y liturgias que escenifiquen y primen el espíritu y la cohesión del sistema.

Comunicación emocional: haikus, cuentos, metáforas, mantras

Para mí, particularmente interesante y reveladora es la comunicación emocional. Ya sea la evocación de las metáforas, los mantras, las citas, los aforismos, los cuentos, los haikus, una canción; ya lo sugerente de un paisaje, de un escenario, de una pintura; o lo sutil de un aroma, la sensación de la brisa o del sol, el paladeo de un buen café durante un encuentro, la textura de un tejido, la viveza del recuerdo de una conversación, lo emocionante de un concierto, de una danza, de una exposición, de un viaje… Todo ello se convierte en  recurso para que los coaches conectemos con los coachees, calibrando y acompasando sus sistemas representacionales preferentes, hablando en su lenguaje, sacándoles de su zona de confort al aludir a otras formas de expresión novedosas e impactantes (incluso desconcertantes, en algunos momentos) como un útil y provechoso reencuadre que amplía el observador que es de su realidad, cuestionándola y completándola. Siempre desde la atención y la intención y con el propósito, más allá del hablar por hablar, de que la comunicación se erija en un puente que una, en un cabo que refuerce la relación y el sistema.

Quiero aprovechar este escrito para reconocer los múltiples regalos que algunas alumnas y algunos alumnos coaches, a los que he acompañado en supervisones y tutorías, me han mostrado de esta comunicación emocional e influyente, de este comunicarse desde la posición de ponerse al servicio de los coachees. Aquí van algunos ejemplos:

  • - Un anclaje de fuerza y determinación desde la evocación de los recuerdos de las vivencias compartidas con un padre y otro para invocar alegría y acción con su canción heavy favorita
  • - Un ajedrez (del que es aficionada y hábil jugadora) como metáfora del viaje de aprendizaje y descubrimiento que el proceso de coaching significó para la coachee
  • - Un ejercicio de creatividad para generar opciones convirtiendo al coachee (que hasta entonces se había mostrado racional, pragmático) en un niño que escribía su carta a los Reyes Magos (uno de sus momentos especiales de su infancia)
  • - Una propuesta para invitar a la reflexión y a la toma de conciencia de los cambios experimentados con un cuaderno de bitácora similar al empleado en su pasión por navegar
  • - La elaboración de una “fórmula matemática” de éxito para desbloquear las opciones y facilitar la asunción del éxito pasado, presente y futuro en un coachee exigente

Emocionantes ejemplos, entre otros muchos, que ofrezco como revulsivo y acicate para, parafraseando a Rafael Echeverría y proponiendo un enfoque integrador y sistémico, desde mi reconocimiento y respeto a él, nuestra comunicación (lenguaje-cuerpo-emoción y no sólo el primero de ellos, para evitar el tan manido “Las palabras se las lleva el viento”) sea generador de nuevas realidades y conduzca a un cambio transformador.

La receta es simple: buenos ingredientes, cuidado y mimo en la preparación y consideración hacia los comensales. Así ofrecemos un modo de expresión sentido y con sentido. Sólo queda ponerse manos a la obra, ¿os animáis a construir pilares sólidos para ese puente de interacción que es la comunicación?

Belén FuentesArtículo de Belén Fuentes Izquierdo, Coach Ejecutivo acreditada por la Metodología CORAOPS® y por AECOP, especialista en Programación Neurolingüística (PNL) y Coaching Sistémico. Formadora del Curso Superior de Coaching Ejecutivo de ICE Coaching

Comentarios (4)

  1. Montse Burgos

Estupendo y clarificador artículo!!! Gracias tejedora de palabras, has sido capaz de entrelazar todos los hilos necesarios para tejer un bello y emocionante tapiz con la comunicación como una valiente amazona.

Montse Burgos

 
  1. Rebeca Rodriguez

Y sin embargo, las palabras, en cuanto etiquetas, limitan la realidad tal y como decía, entre otros, el gran Paul Watzlawick.

Por ello cuando digo: "Belén, gracias por este artículo, por su grandeza, por la verdad de lo que refleja que no es...

Y sin embargo, las palabras, en cuanto etiquetas, limitan la realidad tal y como decía, entre otros, el gran Paul Watzlawick.

Por ello cuando digo: "Belén, gracias por este artículo, por su grandeza, por la verdad de lo que refleja que no es más, y es tanto, que el reflejo de tu gran experiencia, por lo que nos enseñas con él y porque nos devuelves la esperanza de que aun podemos mejorar y llevar vidas mejores”…
Por ello, cuando digo todo lo anterior, estoy limitando la grandeza que transciende lo puramente teórico de lo que transmites.

Gracias Belén!!!!

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