Sentir, pensar y hacer de forma diferente - Desarrollamos organizaciones y personas

ico inseguridadEntre todo lo que llega de las redes sociales, artículos, blogs, publicaciones, mensajes… leí una frase y un comentario posterior que me hicieron reflexionar. La frase era de Gandhi y hablaba de la Humildad. Y entonces me dije: Saber ser humildes sin escondernos tras esa palabra no es nada fácil.


Ser humilde es tener la cualidad de la humildad, es decir, tener la virtud del conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento. Si esa cualidad no se distorsiona es maravilloso. El equilibrio es esencial para poder conocerte a ti y valorar al otro en esa justa medida.
El problema llega cuando la apreciación de esas limitaciones se distorsiona y estas se convierten en un arma de doble filo.

Entonces, traspasamos la línea y nos encontramos ante un elevado pudor a exponernos que nos limita, minimiza nuestras competencias con tal de no ser enfocados y no convertirnos en protagonistas. Y puede parecer bueno desde el punto de vista de difuminarnos ante el coachee y darle a él toda la relevancia, pero no es tal sino que hace que todo en nosotros disminuya, nuestras capacidades como coach se vean mermadas y con ello nuestra valía, conocimientos y competencias para empoderar y retar al coachee, para llevarle a su desarrollo máximo, a conseguir resultados extraordinarios.

Nos encontramos entonces alentando nuestro lado más mediocre, rebajando el nivel de creencia en nosotros mismos y en nuestras posibilidades o incluso llegando a temerlas. Haciéndonos pequeños y cobardes, restándonos iniciativas.

Ese pudor se come nuestra proactividad. Podemos estar cargados de las mejores intenciones que solo serán intenciones si manda el miedo, porque se quedarán ahí en la línea de salida. Y sí, finalmente conseguiremos que nadie nos enfoque y que no nos pongan en valor porque nosotros mismos nos habremos erguido en mediocres, vulgares, para así realmente poder decirnos:“Ves como no soy para tanto… tengo que ser humilde y aceptarlo”. Habremos cerrado un círculo que si no logramos romper nos hará quedarnos ahí para siempre.

Y es aquí, en este punto, donde alguien pensará:“Claro, es que eso no es humildad, es falta de confianza”. Porque cuando la humildad te hace pequeño te recorta tu valía, tus competencias, deja de ser Humildad para convertirse en Inseguridad.

Esa falsa humildad nos convierte en meras intenciones, en miedos, en: “Y si hubiera hecho… o, tendría que haber hecho…” consiguiendo frustración de no alcanzar nunca nuestra mejor versión y por tanto los resultados esperados.

Es aquí cuando la supuesta humildad consigue tapar lo que realmente somos, lo que realmente queremos. Y terminamos dando más valor a lo que nos dicen los demás, a los juicios externos que a nosotros mismos.

Es necesario llegar al equilibrio entre humildad y ponernos en valor para no tener que depender del valor de los demás. Porque solo así conseguiremos estar realmente al servicio del coachee sin estar en sumisión a él. Una línea muy fina que no debemos cruzar, que siempre debemos distinguir. 

Y entonces, ¿qué podemos hacer?

La mejor respuesta es siempre acción, salir del caparazón, exponernos, actuar según nuestro talento y conseguir darnos cuenta del valor que hay en nosotros y aceptar ese valor en boca de los demás. El primero que nos reforzará será el coachee, que nos mostrará desde sus tres subdominios su avance gracias al nuestro, y esa será principalmente la gran recompensa traducida en crecimiento personal. Y después llegarán otros feedbacks muy importantes que sabremos asumir con rigor y de los cuales no haremos flagelación ni soberbia pues nuestra humildad en equilibrio colocará las cosas en su lugar.

No dejemos que la inseguridad, la falta de confianza o la infravaloración nos conduzcan por caminos de miedo y vulgaridad que no muestren nuestra mejor versión, nuestro verdadero talento y competencias para estar por y para el coachee, al servicio de su desarrollo.

Hagamos de la Humildad bandera durante el proceso de coaching y en todas las fases de la Metodología CORAOPS® poniéndonos en valor a nosotros como coaches, al proceso excelente y al coachee en su caminar. Siempre con la sana libertad de aceptar el reconocimiento de los demás.

 

Patricia López

 Patricia López Gómez, Coach CORAOPS

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